El cerebro humano está diseñado para poder relacionarse con ciento cincuenta personas aproximadamente. Esta cifra, conocida como el número de Dunbar, se repite a lo largo de la historia y atraviesa todas las culturas. No es casualidad que la primera iglesia cristiana tuviera un poco menos que esa cantidad de miembros (Hechos 1:15-16 NVI).
Parece ser que ciento cincuenta representa el número máximo de individuos con los que podemos mantener una auténtica relación de tipo social, ese tipo de relaciones en que al menos sabemos cómo se llaman los otros y de dónde los conocemos.
Robin Dunbar, profesor de antropología evolutiva de la Universidad de Oxford, sostiene que los seres humanos necesitan la proximidad y el contacto de los demás para segregar endorfinas que relajan, estimulan el sistema inmunitario y hacen que nos sintamos bien. Por esa razón algunos estudios sobre el impacto de las creencias religiosas en la salud sugieren que ser creyente incrementa las defensas y procura una vida con menos altibajos.
El tamaño de los grupos sociales de los primates y seres humanos guarda relación con el tamaño del cerebro, es por esto que el número de Dunbar adquiere relevancia, ya que es el “límite cognitivo de individuos con los cuales se puede mantener una relación estable”. Claro que a la mayoría este número parece no importarle. En Facebook hay quien tiene miles de “amigos”, muchos de los cuales no nos harían un simple favor si se los pidiéramos.
A muchos grupos religiosos el número de Dunbar tampoco parece importarle, pues crecen desmesuradamente. Aparentemente. Ahora se sabe o se reconoce que las iglesias pequeñas o los llamados grupos pequeños podrían ser la solución para evitar el éxodo de los conversos o cuando menos para ayudar al crecimiento de las iglesias, pues en la actualidad se agudiza el problema de la disminución de su feligresía: Muchos entran mientras otro tanto sale y los líderes no atinan a descifrar el misterio.
Una respuesta típica podría ser: “Seguro su conversión no fue genuina” o “no fijaron sus ojos en Cristo”. Pero, ¿cómo puede pasársele a la iglesia tanta conversión “falsa”? ¿Dónde está la responsabilidad de la iglesia? ¿dónde está el discernimiento de los líderes? Las excusas superficiales ya no convencen a estas alturas. Ni ayudan. Los líderes tienen que encarar con honestidad la situación que han creado. ¿No será hora de que nos hagamos las preguntas difíciles? Por ejemplo, no podemos seguir hablando de conversiones sin hablar de la deserción también. No tiene sentido hablar de crecimiento si no hablamos del éxodo. No tiene sentido hablar de evangelismo ¡si los hijos ya no se quedan en las iglesias de sus padres!
De seguro hay varias respuestas, yo aquí sugiero una: El comportamiento de las aldeas que conforman la sociedad afecta también a las iglesias. Déjame explicarme un poco más:
Según los científicos, la sociedad está clasificada en cinco niveles de aldeas. El concepto aplica para cualquier tipo de sociedad, club, asociación religiosa, escolar, familiar, etc. La idea es la siguiente: Imaginemos que contemplamos vía satélite un estadio de futbol lleno: en realidad se trata de una gran aldea a la que le gusta congregarse para disfrutar un partido. Si hacemos un zoom con la cámara del satélite descubriremos que dentro de esa gran aldea del estadio hay otras pequeñas aldeas que son conformadas por un grupo de vecinos, otro de compañeros de la universidad, alguna familia completa de diez miembros, las diferentes porras, empresarios y accionistas del equipo, el grupo de los periodistas y comentaristas y otros más.
Del mismo modo ocurre con la sociedad en general y con base en esto los expertos de la conducta han diferenciado las siguientes etapas o niveles culturales.
En la etapa uno están, viven, se desarrollan y a veces en esta etapa mueren los que creen que la vida es despreciable, que apesta y no vale la pena vivirla. No tienen conciencia ni empatía por nada ni nadie. En esta etapa se encuentran los asesinos, extorsionadores, secuestradores, narcotraficantes, los integrantes de las bandas delictivas. Los malos de la sociedad. Se estima que 2% de la sociedad está instalada en este nivel.
En la etapa dos están, viven, se desarrollan y a veces en esta etapa mueren los que creen que es su vida la despreciable. Son los eternos inconformes que se quejan constantemente de todo y de todos. Nada les parece bien pues viven estacionados en la amargura. 25% de la sociedad se encontraría en este nivel.
En la etapa tres están, viven, se desarrollan y a veces en esta etapa mueren los que se creen grandiosos. Tienen un alto concepto de sí mismos, pero no son empáticos, ni enseñan, ni conforman grupos. Son cazadores solitarios, exitosos, pero no hacen escuela, ni forman discípulos. Viven estacionados en el egoísmo. Sólo ellos pueden hacer las cosas de la manera correcta, los demás no saben. Increíble, en este nivel se encuentra la mayor concentración de personas: ¡49%!
En la etapa cuatro están, viven, se desarrollan y a veces en esta etapa mueren los que creen que el grupo al que pertenecen es grandioso. ¡Somos grandiosos! es el grito de guerra de los que viven en este nivel. Aquí están los grupos que son exitosos, que saben hacer equipo, pero viven encapsulados pues no hay nadie como ellos. No se replican, no forman discípulos ni enseñan a otros para formar otros grupos tan exitosos como el de ellos. 22% de la sociedad está en este nivel.
En la etapa cinco están, viven, se desarrollan y a veces en esta etapa mueren los que creen que la vida es grandiosa y que vale la pena vivirla, compartirla y por eso enseñan y hacen escuela. En este grupo viven los que practican la empatía, los agradables, los que hacen discípulos, los líderes que enseñan, que forman grupos y pequeñas aldeas y que “cazan” de manera colectiva. En fin, los maestros. Sólo 2% de la sociedad se encuentra en este nivel. Y algo más, muy llamativo en el nivel cinco: son molestos para los otros pues tienden a romper esquemas o paradigmas.
Mientras haces el ejercicio mental de tratar de ubicar el nivel en el cual se encuentra tu iglesia, grupo social o tú mismo, pregunto: ¿Qué hace un líder del nivel cinco? Cuenta una historia, conecta una tribu, lidera un movimiento, realiza un cambio.
¿Tú, como cristiano, tienes una historia que contar? ¿Tienes una tribu? Si no, ¿qué esperas?
Medita en Hebreos 1024-25 NVI: “Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca”.

Se me hace interesante lo que comentas sobre cómo le damos mas importancia por atraer mas hacia la iglesia mientras se nos siguen fugando otro poco por la puerta de atrás (o la del frente, realmente no importa la ubicación de la puerta) Se nos olvida que hay una obra igual de importante que hacer hacia adentro… y bien dices.. empezando por uno.
Saludos.
[...] Carlos escribe que, según el señor Dunbar, nuestra estructura sicológica es capaz de soportar un máximo de ciento cincuenta conocidos. Más-menos cincuenta, agrego yo, riéndome bajito. Digo, hay gente más amiguera que otra. [...]