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    • Fiñe Alberto Moncada

      Ingeniería y Teología
    • 29/08/2012 in Dios

    Arca de la alianza

    El cofre misterioso que se menciona en la Biblia, que estaba dentro del tabernáculo israelita, se conoce como arca del pacto o arca de la alianza (Deuteronomio 31:9). El nombre es impresionante porque te recuerda que el gigante Dios se inclina, se dobla y baja hasta respirar casi encima del suelo de modo que te alcance, para simplemente hacer un trato contigo.

    Y no viene como voraz megalómano a apropiarse de tu alma y tus huesos por el gusto de coleccionar súbditos sometidos. Viene a proponer una alianza.

    Alianza. Suena sólido, fuerte, armonioso. Suena a trato íntimo y firme. Y asombroso y misterioso, porque es una relación asimétrica en la que Dios hace como que no ve la infinita distancia que nos separa de él; pero como el amor salva esas distancias, nos llama cómplices y amigos (Juan 15:15).

    Justamente aquel cofre era un símbolo de este trato entre dos que ya no serían amo y esclavo fugitivo, sino padre e hijo; un símbolo de que están en paz y se dedican uno al otro siempre.

    Materialmente no tenía ninguna magia como algunos supersticiosos creen. El arca no era más que una caja de madera forrada con oro, con una tapa de oro sólido en la que se habían labrado un par de ángeles majestuosos. Adentro no había una lista de buenas intenciones ni declaraciones de amor (se esperaría porque era una alianza, ¿no?). En lugar de eso estaban los diez mandamientos.

    Pero raro, raro, era la ley, la mismísima Ley. Podría volver a sonar como el rey que impone sus dominios de modo que el arca sería el grillete que nos ata al trono. Sin embargo, la cosa cambia cuando sabemos que el destilado de la voluntad divina está en ese puñado de palabras grabadas en piedra y justo dentro de la caja que nos recuerda la reconciliación (Éxodo 25:10-22).

    La ley es obediencia y muchisísimo más. Es un marco nutritivo de seguridad y desarrollo. Los mandamientos no son tanto fronteras o muros limítrofes, sino flechas en el camino para transitar seguros (Salmo 119:24, 45, 92, 105). Y mira nomás lo que dice la Biblia, que “el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10). Misterioso, ¿verdad?

    Amor, obediencia, ley y alianza. Todo guardado en un cofre. Tiene sentido.