• author
    • Carlos López

      Valuación industrial
    • 10/09/2012 in Dios

    De nada, hijo mío


    Entré a una de las típicas cafeterías de Londres.

    Al principio pensé que la mesera que me atendía era demasiado atenta y exageraba su amabilidad. Pero al paso de las horas y los días me percaté que todas las personas que atienden en los restaurantes siempre dicen primero “de nada” antes incluso de que los clientes de las gracias.

    El agradecimiento lo dan por sentado y es por demás, siempre me ganan. Así es, por andar viendo el mapa, el libro o el iphone no presto atención al servicio, hasta que escucho con el flemático acento inglés el “you’re wellcome”.

    Reflexivo, caigo en cuenta lo distraído que soy prácticamente en todo, ya sea con mis pertenencias, con mis relaciones y no se diga con Dios.

    Infinidad de veces el Creador me brinda recursos, afectos y mimos diciéndome, cuando lo hace, “de nada”, sin esperar que le dé las gracias. Bueno, ¿lo hace sin esperarlo? me pregunto. Resuelvo que sea sí o no, y siendo él mi Dios, todo el tiempo amable, gritar: ”Señor, ¡gracias por todo! Perdóname ante los miles de amorosos ‘de nada’ que me has brindado y por mi sordera que pasa por alto tus atenciones”.

    ¡Gracias, nuestro Dios!
    Hablamos de tus maravillas,
    pues estás cerca de nosotros.  Salmo 75:1