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    • Fiñe Alberto Moncada

      Ingeniería y Teología
    • 26/09/2012 in Vida cristiana

    La fe puede ser una herradura


    Niels Bohr fue uno de los mayores científicos del siglo pasado y, como tal, gustaba de conversar largo y tendido de temas profundos con sus amigos y colegas. Por eso los invitaba seguido a cenar. Precisamente en una de esas ocasiones uno de los asistentes le preguntó por qué tenía una herradura colgada en la puerta y si realmente creía en la popular superstición de Europa central, que las herraduras sirven para ahuyentar a los malos espíritus y fantasmas.

    Bohr respondió que no creía en ninguna superstición, obviamente, y no sentía la menor necesidad de andar colgando herraduras en las puertas. Sin embargo, agregó con gran agudeza, “lo asombroso es que parecen funcionar incluso si uno no cree”.

    Ilán Semo cuenta esta anécdota en un artículo periodístico contundente acerca del debilitamiento de la mística de la iglesia cristiana. Para explicar mejor el punto recurre a una tradición muy mexicana. ¿Quién cree en los Reyes Magos? pregunta y él mismo responde: prácticamente nadie, aunque el padre hace como que cree cuando regala juguetes el día de Reyes. Los hijos tampoco creen (muchos de ellos) pero fingen hacerlo para recibir los regalos y no defraudar al padre. Todos desempeñan su papel por si acaso la tradición concede lo que ofrece.

    Conozco ese juego. Yo también cuelgo oraciones y símbolos de mi fe en lugares visibles, haciendo el ejercicio de creer, de imaginar que ocurrirá lo deseado, cumpliendo la tradición de hacer mi parte para merecerme las buenas cosas de la vida y el bienestar para quienes amamos.

    Actuando así me aprovecho de Dios, pues sé que él hará todo lo posible por bendecirnos de cualquier manera, para no faltar a su palabra ni traicionar las tradiciones buenas. Dios, paciente como nadie, amoroso irremediable, cumple aunque sólo creamos en los símbolos externos, cumpliendo religiosamente los ritos que consideramos infalibles, y nos falte la verdadera fe, la fe-nexo, la fe-lazo, la fe-confianza, la fe que anhela más el guiño de aceptación de Dios que sus bendiciones seguras.