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    • Carlos López

      Valuación industrial
    • 09/07/2012 in Creación

    Los caracoles y las galaxias



    ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! Salmos 139:14

    ¿Qué tienen en común? La Mona Lisa, el cuerpo humano, la cruz, las figuras geométricas como el pentágono, los brazos de una estrella de mar, la espiral del caracol, los girasoles, los tallos de las plantas y la distribución de sus hojas, los erizos de mar, las pirámides de Giza en Egipto, el Partenón de Atenas y ¡hasta las alcachofas! Y sí, también el templo de Salomón.

    Pues ni más ni menos que el número más asombroso del mundo, que representa la relación misteriosa entre los números y la belleza y que esconde a un irracional. Aunque nunca un número irracional había sido tan interesante y enigmático.

    ¿Cómo te explico? Mira, si divides tu estatura entre la distancia de tus pies a tu ombligo, ¡conseguirás al número áureo! El resultado debiera ser alrededor de 1.618.

    Se trata de un número con muchas propiedades interesantes y que fue descubierto en la antigüedad, no como unidad sino como relación o proporción. Esta proporción se encuentra tanto en algunas figuras geométricas como en la naturaleza. El llamado número de oro sedujo a Euclides, Pitágoras, Fidias el escultor —al que se le debe su nombre—, Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Dalí, a los egipcios ¡e incluso al rey Salomón!

    El número áureo, también conocido como número de oro o divina proporción, es una constante que percibimos a diario, aunque apenas nos demos cuenta. Aparece en las proporciones de edificios, cuadros, esculturas e incluso en el cuerpo humano. Un objeto que respeta la proporción del número áureo transmite a quien lo observa una sensación de belleza y armonía.

    Muchos escultores, arquitectos y pintores conocían este número y lo utilizaban es sus obras. Miguel Ángel compuso La Sagrada Familia en forma de un pentágono regular; Leonardo Da Vinci pintó su famoso cuadro de la Mona Lisa en proporción aurea; Fidias, el escultor griego, lo utilizaba frecuentemente en sus obras  y en su honor su utiliza la letra griega φ (fi o phi) para denotar en matemáticas el numero áureo.

    Está comprobado que tener mayor cantidad de números φ en el cuerpo y el rostro hace que la mayoría de las personas reconozcan a esos individuos como lindos, bellos y proporcionados. Si se miden los números φ de una población determinada y se la compara con una población de modelos publicitarios, estos últimos resultan acercarse más al número φ.

    Nunca me consideré buen estudiante de las matemáticas. Incluso llegaron a molestarme. “¡Para qué sirven!” gritaba en mi salón de clases.

    Un día, me encontré con una frase de Galileo Galilei de hace alrededor quinientos años, que decía: “El Universo tiene un lenguaje, y ese lenguaje son las matemáticas”. ¿Qué me estaré perdiendo? me pregunté. Me estaba perdiendo la diversión de aprender cómo el creador tuvo tamañas ocurrencias de diseño, al crear el mismo principio matemático para un caracol que para una galaxia.

    Mira, tú. Y es que las pesas y las balanzas justas son del Señor; todas las medidas son hechura suya (Proverbios 16:11) y nos faltan grandes cosas todavía por descubrir, porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa (Romanos 1:20).

    Si quiere saber más de este número, puede consultar aquí