• Motivaciones: Cierro los ojos y disfruto más


    ¿Qué Dios hay como tú, que perdone la maldad y pase por alto el delito del remanente de su pueblo? No siempre estarás airado, porque tu mayor placer es amar. Miqueas 7:18 NVI

    Ah, el placer. Ah, la culpa.

    Te pregunto: al ver algo muy bello, ¿has sentido que se eleva de súbito tu ritmo cardíaco y sentido vértigo o confusión, llegando incluso a benignas alucinaciones? Pues bien, estás experimentando el llamado síndrome de Stendhal (también denominado síndrome de Florencia) que se da cuando los individuos somos expuestos a obras de arte, en especial cuando son particularmente bellas o se muestran en gran número en un mismo lugar (ay, París).

    Algunos hemos aprendido que el placer sensorial nos aleja de lo espiritual, que es malo y que todo aquello que nos produce felicidad necesariamente debe de ser pecaminoso. Vaya hombre, ¿y dónde aprendimos esto y quién se ha encargado de enseñárnoslo? Haga cada quién su ejercicio de introspección mientras les comento que el Creador dejó plasmado en el diseño de su creación demasiada evidencia para la satisfacción sensorial de la cual no debemos de abstenernos, si no ¿para qué la hizo entonces tan buena en gran manera? (Génesis 1:31).

    Además, ya habrás notado que el placer sensorial se magnifica cuando cerramos los ojos. Por eso es que, buscando la plenitud del gozo, lo hacemos al escuchar música, besamos y oramos. Cerramos nuestros ojos para que ninguna distracción impida disfrutar de la manera mas sublime y así el placer se convierta en algo tan intenso que los sentidos se estimulen y la sensación aumente.

    La música, el baile, los besos y la oración causan un inmenso placer y bañan nuestro cerebro de endorfinas, las cuales nos brindan motivación para la vida; producen alegría y optimismo y disminuyen el dolor, o cuando menos ayudan a olvidarlo. También contribuyen a la sensación de bienestar, estimulando los sentimientos de gratitud y de satisfacción existencial.

    ¿Te has preguntado por qué los judíos ante el muro del templo, cuando oran, mecen el cuerpo? Para que no quede ninguna parte del ser sin adorar al Señor. Se cierran los ojos y la mente entra en sintonía con el Creador, pero entonces, para que no escape nada a esa conexión, el cuerpo se mece.

    La neurociencia ha descubierto que cuando una comunidad canta, ora o baila se ve más atractiva ante los ojos de los demás. Al enterarme no puedo evitar que la figura de María cantando y bailando con su pandero en el desierto en compañía de las demás mujeres llegue a mi mente.

    Puede ser que tú o yo lo veamos mal ahora con los ojos de nuestra cultura occidental y con toneladas de prejuicios encima, pero al Señor, en ese momento, lo adivino sonriendo ante el espectáculo de su pueblo.

    Luego les dijo: -Id, comed ricos manjares, bebed bebidas dulces y enviad porciones a los que no tienen nada preparado, porque éste es un día santo para nuestro Señor. No os entristezcáis, porque el gozo del Eterno es vuestra fortaleza” (Nehemías 8:10)