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    • Fiñe Alberto Moncada

      Ingeniería y Teología
    • 22/10/2012 in Vida cristiana

    Motivaciones: El miedo


    Me da miedo la oscuridad; es cosa de la infancia. Cuando estoy solo me defiende la razón, convenciéndome casi a gritos de que nada malo pasará. Pero el ligero temblor, el mirar de reojo por si acaso, el apurar el paso si voy por la calle solitaria en la madrugada, no me lo puedo quitar. En esos momentos oro a Dios más de lo acostumbrado. ¡Nadie ora más que yo!

    Me da miedo la pobreza. Abundancia era una palabra desconocida hace años en la casa. Ahora no sé qué haría si no pudiera darle de comer a mis hijos. No puedo negar que el diezmo me cuesta trabajo en esas circunstancias. Por eso hago promesas, le garantizo a Dios que seré un mejor socio cuando las cosas mejoren. Siento que él me comprende y me amplía sus plazos.

    Me da miedo el futuro. Es increíble, ¿verdad? Y eso que he oído hasta el cansancio la analogía de pertenecer al equipo ganador, de ser del equipo campeón sin siquiera haber tocado el balón, de tu defensor ganando la batalla y no sé cuántas cosas más. ¿Dudo de la salvación? ¡claro que no! Pero, aquí entre nos, me han hecho daño las predicaciones apocalípticas llenas de bestias y crisis mundiales y me han afectado las insistencias repetidas de portarse bien, de ser más fiel, de dar un poco más. Supongo que temo no ser suficientemente bueno. Por algo me ves tan interesado en las profecías, como una manera de exorcizar lo que me aterra.

    Me da miedo no ver milagros y ser menos que otros. ¡Los demás siempre tienen testimonios heroicos! ven ángeles, sanan las personas por quienes oran, pierden el trabajo y a los dos días tienen uno diez veces mejor. A mí nunca me pasa nada. Para no quedarme atrás aprendo historias de otros y comparto videos y frases de otros. No soy genuino pero creo que Dios me usa aun así… y eso cuenta, ¿no crees?

    “Señor, leo 1 Juan 4:18. ¿Me estás diciendo que es pecado mi miedo? ¡pero me hace buen cristiano!”