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    • Carlos López

      Valuación industrial
    • 30/08/2012 in Misión

    Prohibida la entrada a espectadores


    Caminando por la banqueta de una arbolada y hermosa calle de la zona de negocios de la ciudad, veo que un camión recolector de basura se detiene a su cumplir su tarea en la entrada de unos condominios con fachada antigua, los cuales contrastan con la modernidad de los enormes edificios financieros.

    Me asombró que el chofer no trajera ayudantes como en México. Él solo hizo todo. Bajó de su enorme camión, abrió el pesado portón de hierro, y empujó el contenedor con ruedas y lo colocó frente al camión. Después accionó el sistema hidraúlico que tomó al contenedor para vaciar su contenido.

    El operador regresó el contenedor a su lugar, cerró el portón, reportó en una agenda su tarea cumplida y partió a la siguiente estación.

    Sonrío pensando que en México, cuando menos se ocuparían cuatro personas para hacer eso, tres de espectadores, gritando: “¡Carlos, el portón te toca a tí!”

    Igual nos pasa algunas veces en la iglesia, ¿No creen? Los entusiastas y creativos hacen cosas, aunque nadie los acompañe.

    Frankfurt, 30 agosto 2012