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Fiñe Alberto Moncada
Ingeniería y Teología - 17/09/2012 in Vida cristiana
Quesos de madera
Tres amigos asistimos a un seminario de educación en el campus de una universidad instalada en un pequeño cerro rodeado de bosques. El último día caminábamos por los andadores y descubrimos a un par de carpinteros construyendo un kiosco con vigas de cedro. Nos encantó ver tanta madera rojiza. Los tres somos aficionados a la carpintería, bastante malos pero igual de arrojados; no pudimos evitar preguntar si podíamos llevarnos unos trozos de sobrantes. No hubo objeción y cargamos el carro alquilado con bloques y trozos de las vigas. Lo hicimos muertos de risa porque nos sentíamos al mismo tiempo miserables y encantados ¡estábamos mendigando madera! Lujosa madera, eso sí.Los bloques eran realmente gruesos y los bautizamos como quesos. Gracias a ellos el auto se llenó de rico olor a cedro.
Pero pasaron los años y la madera acumuló polvo. Mientras tuvimos tiempo no se nos ocurrió nada que hacer con ella; las piezas no eran suficientes para ningún proyecto de los que estaban al alcance de nuestras habilidades y herramientas. Y cuando tuvimos ideas, ya no teníamos tiempo. Tampoco nos atrevíamos a meterle mano porque temíamos no encontrar madera igual si la arruinábamos.
Tuvieron que pasar cuatro años para que finalmente yo hiciera una mesa de pino con una cubierta de caobilla. Las patas son de cedro, de color rojo oscuro, opaco; sus vetas destacan como pinceladas ondulantes.
Más creativo y ocurrente es mi Dios, quien para nuestro bien y asombro ha puesto en marcha montones de ideas y estrategias para resolver problemas y necesidades. Por ejemplo, cuando hace falta reproducir seres vivos, pues huevos, vientres y semillas son posibilidades de Dios, que producen pájaros, personas y maderas.
Y eso me lleva a considerar también que el Señor suele poner en las manos de sus hijos posibilidades más que soluciones. Son recursos potenciales que pueden no dar muestras de vida ni señales de rumbo al principio o por un buen tiempo. Incluso corren el riesgo del olvido o, algo peor, el óxido.
No hay mejor cosa que mantenerse alerta, con el oído afinado para la voz del Amoroso celestial, con la mente abierta para la señal de partida del Espíritu Santo, cultivando mientras tanto lo que hay a la mano.
Mira lo que dice la Biblia en Eclesiastés 11:5 y 6: “Así como no sabes por dónde va el viento ni cómo se forma el niño en el vientre de la madre, tampoco entiendes la obra de Dios, creador de todas las cosas. Siembra tu semilla en la mañana, y no te des reposo por la tarde, pues nunca sabes cuál siembra saldrá mejor, si ésta o aquélla, o si ambas serán igual de buenas”.
Quién iba a decir que en la cajuela del auto, desde California, yo traía la semilla de una mesa sin saberlo, sobre la que escribo estas palabras que Dios nos sugiere a ti y a mí.
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Aquí se trata de charlar animadamente de Dios y el mundo y la vida que nos dio. Celebra con nosotros la experiencia feliz de ser hijos de un Dios feliz.-
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