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    • Fiñe Alberto Moncada

      Ingeniería y Teología
    • 30/06/2012 in Historia

    Renunciar al trono

    No puedo hablar mal de mi padre y no debería, aunque él me ha dado muchísimas razones para renegar de él. Aquí en confianza, es un miserable; pero no me cae mal, es mi papá.

    Mañana moriremos por su culpa. No soy profeta, no intento adivinar. Pero es obvio. Será la última batalla del famoso rey Saúl y él ya está derrotado. Debería sentirme frustrado y con ganas de salir huyendo. No lo haré; al contrario, sacaremos la casta por la familia; no seremos cobardes.

    No estará presente mi mejor amigo y me alegra, para que no participe de esta catástrofe. Desde hace años sé que Dios le dará el trono. ¿Mi trono? De niño me gustaba pensar lo emocionante de ser rey. Ahora tengo mis dudas.

    Dios lo eligió rey cuando ya había uno gobernando (precisamente mi padre) y eso fue un golpazo en la corte. Por más que Samuel intentó hacerlo con discreción, la manera de ungirlo la sabe todo el mundo; ya no es noticia. Que mi papá odiara a David parecería lo más natural del mundo, porque era la competencia. Tampoco son noticia ya sus persecuciones, como no lo es que yo renunciara a mi derecho al trono y le dijera a David que no me opondría a la voluntad del Señor y lo apoyaría en su gobierno.

    La gente no comenta ese hecho sino mis motivaciones. A mí mismo me cuesta explicarlo. Podría decir simplemente: “el tipo es como mi hermano y quiero darle una muestra de mi amistad”. Pero no, suena cursi y simple (pero es cierto). Tal vez después de mañana, cuando seguramente pasaré a la historia, me recordarán como una persona sencilla, sin pretensiones, que no quería las complicaciones cortesanas y cedió ante el carisma de una persona tan talentosa.

    Si me preguntaran directamente por qué diría que tiene que ver con mi fe. Hay un Dios en el cielo observando las obras de los hombres, para organizar la historia de modo que resulte lo más conveniente para sus hijos. Yo creo en ese Dios y creo que elegir a David es lo apropiado para este tiempo. La cuestión no es si yo hubiera sido un buen rey sino si yo hubiera sido mejor que él y más conveniente. En este punto he decidido simplemente confiar en el buen criterio de Dios.

    Mañana será una batalla sangrienta. La perderemos. Pero cuando pienso que Dios tiene un buen plan y que yo estuve dispuesto a hacer mi parte, me siento satisfecho. Así, renunciar a un trono no parece tanto.

    lee la historia de Saúl y su familia en 1 Samuel; los últimos momentos de Jonatán en el capítulo 31