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    • Carlos López

      Valuación industrial
    • 25/06/2012 in Historia

    Rey busca novia, envíen solicitud

    Iván el terrible se ganó el apodo a pulso.  Como uno de los creadores del estado ruso, odiaba hasta el paroxismo a sus enemigos, arrojaba perros desde la torre de su castillo, mandaba echar a las jaurías a sus rivales y sufría de desvaríos mentales, entre otras linduras. En 1560 murió su esposa, Anastasía Románovna, e Iván IV se volvió un gobernante psicópata, fanático religioso y autoritario. ¡Lo que le faltaba!

    Parece ser que quiso mucho a su esposa, pero no podía estar solito porque se ponía de mal humor ¡imagínense! Por eso pidió a todos los nobles de su dominio que enviasen a su castillo de Moscú a las chicas en edad de merecer, pues escogería a una nueva esposa. Basta decir que aquel que osara negarse, pasaría a mejor vida.

    Llegaron las muchachas al palacio de Iván y alguien las contó: mil quinientas candidatas dignas de concurso de algún posmoderno Rusian Top Models. Hasta eso, Iván era terrible, pero galante: a cada una le obsequió un pañuelo bordado con oro y gemas preciosas.

    El imponente zar pasó revista a la larga fila de candidatas a ser su esposa y finalmente, después de deliberar un poco, se decidió por una. La chica se desmayó al momento, no de la emoción de llegar a ser zarina, sino del tremendo susto de imaginarse vivir junto a semejante personaje. Con decirte que la chica enfermó de tal modo que murió antes de consumarse el matrimonio.

    Yo, no lo niego, en momentos he sido terrible, pero no escogí a mi esposa de esa manera. Dios lo hizo por mí. Desde pequeño mi abuela me enseñó que el Señor tendría para mí una chica especial, porque yo era especial. ¿Cómo lo supo mi abuela? Muy fácil, ella leía todos los días la Biblia y me repetía un versículo que otro rey muy sabio llamado Salomón, había escrito: “La casa y el dinero se heredan de los padres, pero la esposa inteligente es un don del Señor” (Proverbios 19:14).