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Fiñe Alberto Moncada
Ingeniería y Teología - 06/09/2012 in Perdón
Tengo derecho a una piedra
¿Y si hubiera habido un inocente ahí, qué? ¿habría buscado una piedra?El relato es muy conocido; puedes leerlo en los primeros versos de Juan 8. Lo resumo así: los opositores a Jesús llevaron a rastras ante él a una mujer adúltera, que mediante engaños había sido sorprendida en el acto. Le preguntaron si debían apedrearla como indicaba la ley de Moisés. La trampa era clara: si Jesús daba su voto por el castigo se le acusaría de contradecir su tesis de amor y perdón y, peor, lo acusarían de usurpación porque nadie en la nación tenía autoridad para una condena a muerte (pues estaban bajo dominio romano); pero si proponía dejarla libre mostraría su desprecio por la ley inspirada por Dios mismo.
El hermano-maestro-salvador Jesús les devolvió el dilema: “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.
Ahora bien, supongamos que tú eres inocente, puro, cristalino, no pecador; vamos, cuatro veces mejor y más simpático que todos los demás. ¿Qué habrías hecho de haber estado ahí?
Antes de responder te digo que la intención de Jesús en aquel episodio hay que ponerla en relación con su objetivo de buscar lo perdido (Lucas 19:10). Obviamente no es una buena estrategia buscar gente a pedradas, porque si ésa hubiera sido la estrategia y yo fuera “lo perdido” estaría corriendo lo más rápidamente posible.
No hay que descartar la idea, porque una vía para acabar con lo malo de la vida es exterminar a los miserables que lo causan (con piedras, por ejemplo).
Pero hay otra estrategia: hacer buenos a los malos.
Va de nuevo:
Hay dos formas básicas de acabar las enemistades. Una es mandar realmente lejos a los enemigos y presionarlos y aplastarlos hasta que se les quiten las ganas de oponerse. La otra es hacerlos amigos, ganarles el corazón.
Jesús sabía bien que de nada serviría comenzar su tarea repartiendo multas y condenas porque ¡acabaría quedándose sin gente este redondo planeta! El primer paso, en cambio, era echar salvavidas a diestra y a siniestra desde todos los puntos del barco.
Por eso me anticipo a tu respuesta. Si tú hubieras sido sin culpa ni pecado aquel día, no habrías levantado una piedra sino a la mujer condenada. Y a dúo con Jesús habrías pronunciado: “vete y no peques más”.
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