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    • Carlos López

      Valuación industrial
    • 25/09/2012 in Dios

    ¿Tienes tanto, pero te sientes solo?


    En el tiempo en el que vivo parece que tengo de todo y para todo. La tecnología invade mi entorno. Las distancias y las imágenes van y vienen a la velocidad de la luz y los amigos se multiplican por doquier, pues el mundo está aquí y ahora. Llego a casa y se me presenta el mismo ambiente, la tecnología también me da la bienvenida (la computadora, Xbox o Apple TV) a la cual saludo con el smartphone a un lado, porque permanece junto a mí, pegado, adherido como si fuera extensión de mi brazo.

    A pesar de todo y de tanto a veces me siento solo y deprimido pues lo que tengo no me alcanza. Me falta algo. No tengo la capacidad de la omnipresencia pues no sé cambiar de frecuencia para ubicarme en otra dimensión; a duras penas sobrevivo en tres y la cuarta se me dificulta explicarla por lo poco intuitiva que es.

    Al lado de todos los que sigo y me siguen, pido dedicar un minuto de silencio por quienes, estando en medio de la multitud, nos sentimos solos… pero yo mismo no cumplo con mi solicitud y al momento grito:

    —¡Señor! A Moisés le hablabas cara a cara, te mostrabas en la nube en el desierto y por la noche una columna de fuego lo guiaba. Bueno, incluso he llegado a pensar en el arca de la alianza como una especie de cabina telefónica (y capaz que era). Pero ¿y yo? No te veo, no lanzas señales, ni prodigios sobrenaturales me presentas.

    El Señor, quien sí es omnipresente y sabe dónde estoy en cada momento, con lo cual quiero decir que como creador de todas las dimensiones conoce exactamente mi ubicación y también el rumbo tomado por mis pensamientos, me habla:

    —Fíjate —me dice—, qué buen ejemplo mencionas. Allá arriba, en la punta del monte, le di a Moisés, cuando se sentía solo, aunque tenía un pueblo qué dirigir, un cincel, un martillo y dos piedras lisas. Nada más. ¡Imagínate si un iPad le doy!

    Tomé mi Mac y me puse a escribirte esto.