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    • Carlos López

      Valuación industrial
    • 11/10/2012 in Jesús

    Una puerta más


    Dos caminantes de senderos polvorientos del desierto entran a la pequeña aldea. Uno de ellos, dando muestras de evidente cansancio, le dice al otro:

    —Maestro, ya es de noche, busquemos una posada para lavar y refrescar los pies cansados y donde recostar nuestras cabezas ¿o es que  nunca te cansas? Además, qué afán tienes de llegar a lugares donde no te llaman.

    —Déjame llegar a esta casa y después veremos —responde serenamente a quien insiste desde hace buen rato.

    Al acercarse oyen que el matrimonio que allí vive se está peleando escandalosamente; se escuchan gritos, golpes y el llanto de los niños.

    —Te digo, Maestro, ¡qué caso tiene llegar aquí! ¿De verdad esperas que tomen en cuenta tus palabras?

    —Si no llego, no lo sabremos nunca. ¿O esperas que me acerque sólo a donde se escuchan cantos y risas de felicidad? ¿Qué no entiendes? Yo siempre estoy ante tu puerta y llamo; si oyes mi voz y abres, entraré y cenaré contigo (Apocalipsis 3:20).