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    • Carlos López

      Valuación industrial
    • 01/09/2012 in Sábado

    ¿Verdad, Señor, que en el día de reposo también hay hambre?


    —Uy, ¡qué duros están estos granos, Pedro!

    —Sí,  hombre. Esto nos pasa por confiar en Judas. Pero es la última vez, óyeme bien, la última. Es que ya ni la amuela; ya que es tesorero por lo menos debería tener de reserva algunas cajas de cereal cuando menos, así no tendríamos que andar juntando trigo en estas parcelas de la sección de pobres.

    —Ya llevo tres puños de semilla de trigo y apenas les he sacado el jugo; parece chicle rancio.

    —Cállate, que ahí viene el asistente de Caifás. Cuánto a que nos acusa o regaña por algo.

    El señor fariseo, muy propio él en un tono perfectamente ensayado y con voz impostada, hace un gesto con la mano para atraer la atención de Jesús y le dice:

    —Hey Jesús, disculpa, ¿no sabes qué día es hoy?

    El aludido se contiene, pues estos personajes le dan harta risa, de modo que decide seguirle el juego.

    —A ver, si eres tan listo, dime tú —contesta el predicador itinerante.

    —¡Pues es el día de reposo! Mira a tus discípulos, ¡trabajando el Sabat! Es inconcebible, inaudito ¡im-per-do-na-ble!

    —Válgame, cuántas palabras te sabes, de manera que te diré otra para ver si la conoces: hambre. ¡Sí, mis discípulos tienen hambre! ¿Por qué te parece más importante el día de reposo que el hambre de las personas? —y antes de que respondan, Jesús continúa—. Si tanto sabes, recordarás que un día, por hambre, David entró al templo y sin remordimiento se comió los panes y los compartió con los que iban con él.

    Jesús voltea hacia arriba como pidiendo paciencia al Padre para luego dirigirse hacia los fariseos y decirles:

    —¿Cuándo van a entender que el día de descanso se hizo para satisfacer las necesidades de la gente, y no para que la gente satisfaga los requisitos del día de descanso? ¡Vayan a hacer el bien, sanen a los enfermos, visiten a las viudas, porque el Sábado no es la quietud de la materia, sino la efervescencia del espíritu!