Vuelve, vuelvo
En la portada del diario la foto de dos mujeres mexicanas que se abrazan en el aeropuerto; podrían ser madre e hija. Una vuelve de Chile, días después del terremoto. Asustados, los connacionales salieron huyendo; tardaron, pero al fin llegaron a su patria.
Sin pie de foto que explique es imposible saber cuál de las dos es la recién llegada. El abrazo tiene la misma intensidad en ambos sentidos. La que parece ser la hija se cuelga literalmente de la mayor y bastante más alta; ésta estrecha su mejilla contra la cara de la otra mujer; los ojos cerrados, el ceño ligeramente fruncido que se relaja al fin y la sonrisa de ensoñación dicen una sola cosa: "en casa, al fin".
El regreso, el grande, el verdadero, es el prometido por Jesús. Han pasado la friolera de dos mil años y multitud de terremotos, no de la corteza terrestre, sino del alma, de la esencia de ser gente, ay tan arruinada, tan desfigurada e inválida. Con todo y que la feroz autodestrucción va disminuyendo la zona habitable como isla que se come el mar a lengüetazos, es decir, a pesar de que nos urge salir de este horno nuclear a punto de estallar, seguimos estancados y el rescatador no aparece.
¿Qué piensa Jesús de su regreso? Para calcular su ansia y su urgencia hay que remitirse a la noche de las tragedias.
Unas horas antes de ser crucificado el salvador cena con sus discípulos. Es la pascua y en todos los hogares judíos un cordero asado en la mesa recuerda la liberación pasada. Pero Jesús desea hacerles recordar a sus amigos la otra liberación, la que vendrá.
Hay jugo de uvas; fresco, dulce y tonificante. A él le gusta y está que ni mandado a hacer para símbolo de su sangre. Y sí, a partir de ahí y por siglos nos recordará ese néctar rojizo, ese mosto desenfadado, que el pecado mata, que un sustituto inocente muere para que yo culpable viva. Pero es más, también es una prenda del regreso. "Cuando nos veamos de nuevo, te invitaré un vaso grande del mejor jugo que hayas probado" y entonces, para que estés al tanto de las ganas enormes de verte de nuevo, agrega: "te juro que no tomaré ni una gota de mi jugo favorito hasta que nos veamos de nuevo" (Mateo 26:27-29).
Cuando las circunstancias sean lo más conveniente para la familia humana toda, el Sediento celestial volverá. Su mejilla en la tuya, el rostro que se relaja aliviado, el corazón refrenando su pulso, los ojos cerrados y abrazándote fuerte. El Dios sonriente que te declara su hijo, su hija, parece decir: "en la eternidad, al fin".
"Cuando el Señor hizo volver a Sión a los cautivos, nos parecía estar soñando.
"Nuestra boca se llenó de risas; nuestra lengua, de canciones jubilosas.
"Hasta los otros pueblos decían: 'El Señor ha hecho grandes cosas por ellos'.
"Sí, el Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y eso nos llena de alegría" (Salmos 126:1-3, NVI)
Comentarios
Yeya
3/15/2010 12:14:17 PM
Imaginándome ese momento, el sentimiento, las emociones, la visibilidad, el tacto, todo, no puedo evitar sentirme con ansias.. Igual la imaginación no llega a como podría ser ese gran momento pero lo que más me emocionó es esta parte: "te juro que no tomaré ni una gota de mi jugo favorito hasta que nos veamos de nuevo"...!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! la voz se me entrecorta, y mi garganta se hace nudos.
No tengo más palabras para expresar lo que pasó dentro de mí al leer este texto.
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