Misión sorpresa: charlar
Aterrizó el avión en el aeropuerto de Houston; veníamos de Monterrey, así que había que pasar la aduana. Pero la aduana estaba a miles de kilómetros... claro que exagero, pero has de cuenta.
Ahí me tienes, casi corriendo mientras llevaba con trabajos las maletas. Tenía más de una hora para llegar a la conexión que salía rumbo a Miami. Supuse que sería suficiente; error, no lo fue.
Enfilé por este pasillo, di vuelta aquí y luego allá, pasé por este otro andador y al dar vuelta llegué a la enorme sala donde están los agentes de migración. Se me fue el corazón al suelo. La fila serpenteaba por decenas de metros y apretujados habría dos o trescientas personas al menos. ¿La hora que tenía? Apenas me alcanzó para llegar a pasos de la caseta de revisión.
Ya te insinué que llegué tarde pero la verdad es que fue por muy poco. No me esperaron y no reclamé, ¿para qué? Me tragué el disgusto y me callé cuando supe que posiblemente me harían lugar en un vuelo de muy noche. No había nada qué hacer.
"Ay, Señor, ¿por qué dejas que pasen estas cosas? Sólo hace uno corajes y no hay necesidad. Ni modo que me digas que quieres enseñarme a ser paciente porque, mírame, de cualquier forma lo tomo con calma, pero de que me da coraje, me da. En fin; dejémoslo así, no sé qué piensas ni qué quieres. Además, estoy cansado y tengo hambre. Voy a comprar un chocolate y luego platicamos, ¿te parece?"
No esperé la respuesta y salí a recorrer los negocios de las interminables salas de espera.
A mi regreso vi a un hombre que me pareció conocido. Ah, otro pasajero que llegó tarde. Estaba alegando con el personal de la aerolínea; les dio la espalda y comenzó a expresar su inconformidad en voz alta (supongo que los del mostrador agradecieron en el momento no entender el español del tipo). Yo quedé al alcance de su voz y como volteé se dirigió a mí para no sentir que hablaba al aire. "Mm, Señor, sólo esto me faltaba, que me hable un extraño; pero si tú sabes que soy huraño, no le hago plática a nadie... está bien, nada me cuesta ser un poco amable".
Le dije que no se preocupara; le expliqué que no tenía remedio el caso y que era mejor acomodarse a esperar tranquilamente. Sorprendido por no hallar eco a su queja me preguntó si yo seguía alguna terapia o hacía yoga para conservar el control. Me reí. "No, claro que no; leo mi Biblia, oro, voy a la iglesia; nada complicado".
De ahí a contarme sus problemas de familia hubo un paso. Se había separado, sentía que perdía el afecto de su hijo ya universitario. Es que él viajaba mucho, tenía negocios en varios países. Ahora mismo se dirigía a Sudamérica y el trayecto se prolongaría muchas horas más que el mío.
Le conté de mi familia, le conté lo que Dios hace con las familias, le conté lo que Dios hace en el corazón de las personas. El tiempo se fue como agua.
Súbitamente se interrumpió la charla; una azafata gritó mi nombre: hay un lugar para mí en un avión que sale en ese momento. Apenas alcancé a despedirme del hombre y recomendarle que leyera su Biblia porque ahí están las respuestas.
Me encaminé por el pasillo hacia la nave. "Conque eso era, ¿eh, Señor? Me hubieras dicho que querías que hablara con él; tan fácil, pero a ti que te encantan las sorpresas, jaja, no tienes remedio. Pero está bien, me alegra haber hecho algo bueno hoy. Y ahora, ¿sería mucha molestia que me lleves de un jalón a mi destino? Gracias".
lee Isaías 55:9
Comentarios
Joel
3/17/2009 4:16:39 AM
esta muy interesante. =)
zamer
,
sitio web
3/17/2009 10:06:25 AM
"no tienes remedio" =P
haha excelente pr
Yeya
3/17/2009 2:24:02 PM
cómo escuchar a Dios?, que buenas sorpresas no tiene a cada instante.
Fiñe me encantó el de hoy, fue cómo si todos esos momentos parecidos los recordara uno a uno y solamente dibujando una sonrisa en mi rostro por el fin de cada ocasión como esa.
francesca...
10/9/2009 4:22:21 PM
jajjaja !!like it
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