¿Está aquí?

Que Dios esté aquí es una idea estremecedora. A algunos no les gusta; les suena como una presencia que mira sobre tu hombro, que te tiene bajo vigilancia o continuamente hostigado. A otros les es indiferente porque Dios sería como la sombra inevitable que crece desde tus pies y te sigue sin imaginación, torciéndose según las superficies, sin resistencia y carente de emoción.
Yo digo, en cambio, que si está, debe ser una presencia cálida y cómoda.
Bueno, primero habría que asegurarse de que tal presencia es real y luego responder cómo podemos tener esa seguridad. A ver, ¿Dios está aquí porque lo imaginamos, porque deseamos tanto que así sea? No; una presencia imaginaria ni siquiera es tal cosa, sólo está en la mente. Sugiero en cambio que es real porque resulta consistente con la dinámica de la vida, porque esos giros inesperados y sorprendentes de la cotidianidad sólo se explican con alguien ahí. Y también la rigurosa normalidad, que se cumple inexorable, alcanzando con toda fuerza los fines de la vida, se explica porque parece haber un organizador presente y atento.
Contra lo que muchos suponen, no estamos seguros de la presencia de Dios porque se sienta. Es verdad que Dios puede proyectarse en nuestra esfera y tocarnos levemente, si quiere, o hacer como si nos soplara en la oreja o nos provocara un vértigo benigno y súbito. Él puede, pero la evidencia indica que él acude primeramente al recurso de la razón para garantizar su presencia; es decir, nuestra fe se funda en que la Biblia lo dice y eso es consistente con la realidad (sea que lo sintamos o no).
También podríamos querer responder por qué está y quizás la respuesta más directa es que no puede evitarlo. Su presencia paternal no intrusa nos dice: "estoy a tu alcance".

lee más en Isaías 41:10
 

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02 Feb 09

« presencia de Dios

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