Lidia

Mujer cansada, tus empresas exitosas ya no te dan la misma alegría. De cualquier forma no las necesitas porque ahora duermes a gusto.

¿Qué hace una mujer vendiendo colorantes caros para gente fina habitante de palacios? Y además, lejos de su tierra, posiblemente sola.

Te iba bien porque la vanidad siempre es buen negocio. ¿A quién no le gusta lucir cada día un poco mejor, en contra del atentado del tiempo?

La mañana de aquel sábado señal, sábado insignia, sábado de memorias, te asomaste al aire matutino de Filipos. Era un día espléndido para cerrar tratos favorables y recibir clientes distinguidos. No lo hiciste, por supuesto. Nunca pensaste que el sábado fuera negociable y tu buena fortuna nunca impidió que …