Cómo quisiera responder tranquilo y seguro como él

Publicado originalmente para Vértice 

“Si eres el hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (Mateo 4:3). Es una tentación que no tiene sentido para mí porque nunca podría caer en ella, ¡yo no puedo convertir piedras en pan! (¿puedes imaginarte eligiendo diferentes piedras para producir diferentes tipos de pan? sería gracioso… y delicioso).

Se alega que esto sí era una prueba para Jesús, dado que él sí podía y además tendría muchísima hambre luego de cuarenta días de ayuno, pero suena difícil de creer que esta batalla crucial en el conflicto de los siglos se redujera a esa cuestión. Que la hubo, por supuesto; que había más en juego, también luce evidente.

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Palabra liberada

Están quietas las palabras de Dios en el libro de Dios. Acumulando el polvo de los tiempos y privadas de la luz tan normal para quien despierta cada mañana. Que los relatos de profetas, discursos de maestros y parábolas de salvación estén en silencio no quiere decir que carezcan de voz o hayan enmudecido, víctimas de algún desgaste histórico natural. Eso no puede ser pues son sobrenaturales. Son palabras que no proceden de un lugar ni de un tiempo, por más que se expresen en la lengua y sintaxis de un pueblo antiguo. En realidad, nacieron en un corazón eterno con amor de Padre.

En el libro sagrado esperan las palabras de Dios. Leerlas, romper su cáscara para entenderlas, ponerlas …