Qué solos
Ocurrió lo del árbol del Edén, la pareja huyó. De su amigo Dios, de la escena del tropiezo, del espejo que devolvía miradas acusadoras.
Primero como cómplices y luego, enfrentados a los cuestionamientos, la desordenada repartición de culpas que hicieron rompió ciertas fibras sensibles. Inventaron la crítica, el resentimiento y la acusación en un solo movimiento.
Se quedaron solos por dentro. Siguieron juntos, por supuesto, se perdonaron tanto. Dios mismo caminó dos, cinco, mil millas extras, pero algo pasó dentro y entre ellos. El alma fue opacándose; sus descendientes nacieron con esa huella de desconfianza y una sed dolorosa que todos disfrazaron de dignidad.
Los que poblaron la tierra a continuación inventaron los enemigos, el colega que compite por tu …
El dolor, el consuelo, la paz
El dolor quemante de la humanidad podría matar a Dios. Mató a Dios. El dolor de saberse culpable, de ver morir la normalidad, de no saber si mañana serás.
El hondo dolor de los amigos traicionados y los amores abandonados desfigura el rostro y rasga las redes como telarañas. Convierte el corazón en un carbón humeante, una piedra negra desgastándose en ceniza.
Lo que nos duele le duele a Dios, lo tiene preocupado todo el día. De las lágrimas, ay, en las que se nos va la vida como río, el Padre bueno lleva la cuenta (Salmos 56:8).
A diferencia de nosotros, él no suspira por los viejos tiempos ni mira largamente álbumes fotográficos para asirse a un …
