La clave está en el lenguaje

En el mundo occidental se mueren las iglesias; el cristianismo se vuelve una estadística. Se extingue la fama de su eficacia. Se opaca el brillo en los ojos de su juventud.

¿Cuánto tiempo tardará en derrumbarse el edificio si insistimos en mantenerlo en pie sólo a punta de nuevos programas de oración y calendarizando ayunos cada tanto?

Para comprender la solución de Dios hay que prestar atención al lenguaje de esta generación. Por ejemplo, relevancia es una palabra que está adquiriendo cada vez más relevancia. Suena repetitivo, tan obvio, pero tan cierto: Dios sabe que para hacer funcionar su iglesia lo que es importante para las personas debe importar dentro de la iglesia, porque las iglesias están hechas de personas.…

Pero Dunbar, tengo dos mil contactos porque quiero salvarlos a todos

Carlos escribe que, según el señor Dunbar, nuestra estructura sicológica es capaz de soportar un máximo de ciento cincuenta conocidos. Más-menos cincuenta, agrego yo, riéndome bajito. Digo, hay gente más amiguera que otra.

Mientras echo a andar la mente alrededor de las implicaciones, me convenzo de que los puristas no tardarán en adoptar la idea como mantra o, más bien, como garrote para darle de palos al Facebook y las redes sociales que crecen como hongos en tierra fértil. Afortunadamente ése no es nuestro pleito; por ahora dejemos que los enredados sociales se cuiden solos.

Volviendo a las implicaciones, déjame proponer una de largo plazo, más honda y trascendente: Jesús realmente no nos comisionó para hacer discípulos en el mundo …