Y pensar que creía ser feliz
Era el mundo feliz, capaz de contener todos los géneros de la alegría y la dosis precisa de dramas y tragedias, más unos cuantos conflictos platicables, para que no se nos tachara de perfectos. Pero como si lo fuéramos.
El pecado estaba bien definido. Se encarnaba en el cine, el teatro, ciertas novelas, el baile (qué horror), las joyas (otro horror) y, tal vez no enunciado, ser dichoso en exceso.
El mundo también estaba bien delimitado: nosotros y los paganos, el remanente y los filisteos, los cristianos y los mundanos. Aquéllos, los otros, los de aquel lado de la pared, estaban perdidos; pobres. Nosotros éramos su única esperanza y cuando aceptaban el evangelio con nuestras particularidades, con mucha frecuencia nos …
Demasiada coincidencia
Algunas personas no nos simpatizan. Es fácil explicarlo cuando hay una razón evidente, pero cuándo no, ¿qué? Aquel tipo de allá y esa mujer que trabaja en el mismo lugar, simplemente no me caen. Ni siquiera es odio, tú me entiendes. ¿Cuál es la probabilidad de que una persona cualquiera, totalmente desconocida, te conquiste el corazón para siempre? Yo creo que muy baja. La prueba es que de las miles de personas con quienes nos cruzamos en la vida, apenas unas cuantas se anudan a nuestra red.
Entonces, ¿por qué las madres y padres suelen amar a sus hijos? Los pequeños pueden arribar al mundo justo con la combinación de cualidades odiosas o actitudes tóxicas rechazables pero sus madres igual …
