Renunciante voluntario
Antes de que te levantes a reclamar tus derechos y enrojezcas y se te ponga la voz ronca mientras se te atropellan los alegatos porque la vida no es justa y nunca pareces recibir lo que mereces, considera el trato que le das a Dios. Sí, a Dios, ese personaje mil veces calumniado a lo largo de su historia (y vaya historia larga), a quien le han endilgado toda clase de deseos insanos y violentos o negligencia criminal o por lo menos indiferencia y olvido.
Ocurre que los seres humanos nos damos el lujo de algunos pecadillos, como que acuñamos el “errar es humano” para justificar. En cambio consideramos que Dios sería incapaz de cualquier desliz; él no puede, no …
Señor, mírate en mi espejo
Noemí, llevas el espejo de bronce que tanto querías. Es fino, lo sabes; es lo más valioso que tienes.
–Bueno, no, en realidad no me gusta tanto –continúas a paso rápido.
Tú sabes que no hay otro como ése. ¿Cuánto te darían por él? ¿veinte monedas de plata?
–¡Claro que no! ¡doscientas por lo menos! –te detienes en seco para pronunciarlo con la voz y con los brazos en la cintura; luego sigues caminando.
¿Lo venderías por doscientas?
–No, nunca lo vendería –hay dulzura en tu voz–. En casa de mi ama lo desempolvaba. Cuando ella no se daba cuenta me miraba y me miraba en él. Eran los únicos momentos en que podía arreglarme el cabello. Bueno, no es …
