Pero Dunbar, tengo dos mil contactos porque quiero salvarlos a todos
Carlos escribe que, según el señor Dunbar, nuestra estructura sicológica es capaz de soportar un máximo de ciento cincuenta conocidos. Más-menos cincuenta, agrego yo, riéndome bajito. Digo, hay gente más amiguera que otra.
Mientras echo a andar la mente alrededor de las implicaciones, me convenzo de que los puristas no tardarán en adoptar la idea como mantra o, más bien, como garrote para darle de palos al Facebook y las redes sociales que crecen como hongos en tierra fértil. Afortunadamente ése no es nuestro pleito; por ahora dejemos que los enredados sociales se cuiden solos.
Volviendo a las implicaciones, déjame proponer una de largo plazo, más honda y trascendente: Jesús realmente no nos comisionó para hacer discípulos en el mundo …
Tu misión es salvar una condenada a muerte
La historia está en 1 Reyes 17:1-16 y pudo haber sido así…
Elías nació en un pueblito de Galaad. No es gente de mundo como los habitantes de la capital recién estrenada, Samaria. Y menos como los de la legendaria Jerusalén, más al sur. Ni siquiera tiene pinta elegante o gusto cosmopolita; en cambio es muy perspicaz. Es capaz de una visión completa del escenario político y religioso.
A Elías le duele el corazón todo el día. Aunque la tristeza de ver a sus paisanos despeñarse por el precipicio de la apostasía no lo ha desanimado. En lugar de eso le ha dado un enfado que lo tiene de un humor sombrío todo el tiempo. Mejor salió de su casa, …
