Revivió mi corazón muerto

El pastor se encoge junto a las flamas delgadas del fogón. Quiere apagarse, hace frío. Como puede se enreda en la manta; el viento helado igual se cuela por tanto agujero. Cuando quiere remediarlo las manos sólo se topan con un montón de hilachas.

Nunca ha tenido esperanzas, nada espera; eso podría matarlo. La esperanza intoxica si es imposible.

No piensa en salir de la pobreza porque ni siquiera concibe que haya algo más allá de esta realidad difícil, de pan duro, jornadas largas, ovejas flacas de otros dueños, veranos implacables, inviernos sin refugio.

Tampoco se siente fatal ni condenado a una vida miserable. A veces incluso cree haber sido feliz y se siente de buenas. Ha reído una que …