Recuperar la canción, desempolvar el anuncio

Jesús acabó sus pendientes, se despidió de sus amigos y regresó a su casa. Usó un cerrito palestino como zona de despegue. Conociéndolo, diría que se elevó despacio despacito, como no queriendo, volteando a otro lado para aguantar las lágrimas, sin decir palabra; cómo, si un nudo le atenazaba la voz.

La Biblia dice que quinientos creyentes acudieron a la despedida. Sus manos se alzaron, los adioses quebrados se oyeron y la figura del salvador fue haciéndose pequeña; se volvió sugerencia y luego punto en el cielo azulísimo y después nada, nada y nadie.

La mirada ya no alcanzó.

Una desazón comenzó a extenderse, a pasar de mano en mano. Habría llegado para quedarse si no fuera porque entre ellos …